Todo comenzó una noche cerca de un centro comercial de una zona céntrica de mi ciudad, acababa de salir de la bolera acomañada de un grupo de 8 personas. De repente veo un ford fiesta blanco con 4 personas dentro, atrás una niña y un niño, ambos llorando, delante, la madre en el asiento del copiloto que también lloraba y el marido o pareja en el asiento del conductor muy enfadado y discutiendo con la mujer.
Ya, de por sí intuía que algo iba a salir mal aquella noche, cuando vi lo que estaba ocurriendo. De repente y sin nadie de los presentes esperándolo, el energúmeno, por no llamarlo de otra forma, le pega a su pareja y tira a un perro por la ventanilla del copiloto, tengo que decir que el coche iba a una velocidad aproximada de 60 Km/h, ni idea de si iba a más, pero iba a mucha velocidad en una vía que la velocidad máxima es 40 Km/h. Recuerdo que la cara del energúmeno se me quedó grabada hasta la fecha y, lo reconocería yo creo que con la cara desfigurada en un caso extremo.
Yo amo a los animales en general y me desvivo por ellos, pero estaba en un momento en el que en mi casa no podía tener más perros. Vi que el perro estaba muy asustado, afortunadamente ningún coche lo atropelló y ella a pesar de que se llevó un fuerte golpe, parecía que estaba bien. Nuestro grupo de colegas muy preocupados intentaron pillar al perro, por lo menos para sacarlo de la carretera y que no le ocurriera una desgracia, yo sin embargo, estaba muy nerviosa procurándo no mirar al perro e ignorarlo y suplicando que alguno de los presentes le diera una oportunidad y, lo rescatara. Cómo es el destino... que si o sí tienes que hacerle caso y, cuando menos lo esperaba y ante un coro de personas dispuesta a llevarse al perro a su casa, va el perro y se me sube encima. En ese momento nuestras miradas se cruzaron y supimos que teníamos que marcharnos de allí. Pedí un taxi y me lo lleve casa, estuve inspeccionando al animalillo para ver si tenía alguna herida o algo mal, lo que pude verificar, es que era hembra y había signos de maltrato, era una perra de color beige, de unos 3 - 4 años con las orejas quemadas por mucha exposición al sol y las almohadillas de las patas totalmente lisas, lo que indicaba que la perra no salía a la calle y la tendrían como en una especie de balcón.
Esa noche, después de observarla e intentar de que mis padres no se dieran cuenta de que había traido un perro a casa, fué horrible, porque tenía otra perrita llamada Yuka, ella y yo éramos inseparables y practicamente nos amábamos, diría que era un amor puro, estuvo toda la noche buscando pelea con la perrita nueva. Como no podía tenerla en casa, decidí levantarme temprano para llevarsela a la casa de mi hermana y su pareja, para que se quedara allí hasta encontrarle un dueño responsable y que la cuidara bien. La cara de mi cuñado era entre _¡que cojo**s!_ y, por respeto a tu hermana la tendré un par de días hasta que se le encuentre un dueño.
Yo al fin pude descansar ya que sabía que estaba en buenas manos. Pero iban a suceder muchímas cosas de ese momento en adelante...
PD: Esta historia es 100% verídica, de hecho es mi historia personal con una de las perritas más tiernas y adorables que he tenido en mi vida. Sólo quería decir que si alguna vez esos niños que iban en el coche esa noche llegara a leer este blog, sólo decirles que su perrita vivió 19 años, rodeada de mucho amor, de todos los cuidados habidos y por haber y sobre todo de una vida envidiable para muchos perros. Os dejaré una foto de ella. Por que nunca se sabe, a lo mejor el destino hace que nos encontremos de alguna manera, y podría al fin obtener respuestas a algunas preguntas. En breve escribiré el segundo capítulo.

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